Qué privilegiados somos!!

¿Pensó usted hoy, cuando se sentó frente a esa taza de café para desayunar, lo privilegiado que es?

¿Se sintió consentido por Dios cuando despertó entre cobijas calientes, después de haber disfrutado de un sueño bien reparador? ¿Cuándo fue a su closet, para buscar qué ponerse y le costó decidir entre toda aquella ropa, se sintió bendecido en abundancia? ¿Al salir de su casa, y tomar la manilla de la puerta para abrirla, recordó que tiene un techo donde resguardarse y lo agradeció? ¿Ahora que está leyendo esto, se dio cuenta que pudo ir a estudiar, aprendió a leer, y con eso hizo armas para vivir su vida con comodidad?

Sabes algo?, somos tan, pero tan privilegiados, hemos sido tan, pero tan bendecidos, y Dios nos ha dado tanto; tanto, qué muchas veces nos acostumbramos a eso, lo vemos como natural, creemos que todos viven como nosotros, que así es la vida, y perdemos esa linda y noble capacidad de agradecer.

No solo no nos falta comida en la mesa, si no que podemos escoger qué comer y hacer varios tiempos de comida. No solo tenemos ropa para abrigarnos, si no que tenemos la posibilidad de escoger entre muchas opciones. No solo tenemos una cama donde dormir, si no que tenemos una casa con varias habitaciones. No solo tenemos una forma de ganarnos la vida, si no que nuestros ingresos nos alcanzan para más que satisfacer nuestra necesidades básicas de subsistencia. Seguramente no solo aprendimos a leer y escribir sino que pudimos sacar un título o aprender un oficio que nos facultan para trabajar en lo que nos hace sentirnos bien.

Y todo eso nos separa de millones y millones de personas en el mundo que viven en extrema necesidad. Usted sabe quiénes son esas personas, que nos aparecen en el camino a cada momento. Nos piden en los semáforos, las vemos durmiendo cobijadas bajo un cartón, o cuidando carros en cada esquina. Vemos sus ranchos cuando pasamos por un barrio marginal y observamos sus caritas sucias cuando nos ofrecen vendernos mentas. Sabe que una excelente forma de agradecerle al Señor por los enormes privilegios que tenemos es compartiendo estos con esos que no tienen nada. Además, lejos de ser esta una opción para los cristianos es una obligación.

Sobre esto Jesús habló muy claro en Mateo 25:42-44 “porque tuve hambre, y no me dieron nada de comer, tuve sed, y no me dieron nada de beber; fui forastero , y no me dieron alojamiento; necesité ropa, y no me vistieron; estuve enfermo y en la cárcel, y no me atendieron”. Ellos también le contestaron: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, o necesitado de ropa, o enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos” El les responderá: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí”.

Seamos conscientes de nuestro privilegios, agradezcámosle a Dios por su gran bondad y compartamos de lo nuestro con nuestros hermanos “más pequeños”. Así nuestro corazón experimentará la inmensa dicha de dar, y estaremos agradando a Dios.

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