Entrevista con Dios
Soñé que tenía una entrevista con Dios…. Cuando llegue al aposento le pregunte si tenia suficiente tiempo, por lo cual me respondió: Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo, Que preguntas quieres hacerme???
- Bueno, respondí una sola: Que es lo que más te sorprende de los humanos:
- Y dijo:
Que se aburren de ser niños, apurados por crecer, y luego suspiran por regresar a ser niños. Que primero pierden la salud para conseguir dinero, y más tarde el dinero para recuperar la salud. Que viven en el pasado o en el futuro, lo que conlleva a que no vivan ni el uno ni el otro. Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubieran vivido. También quisiera que aprendieran ciertas cosas:
Que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Que aprendan que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlaran. Que aprendan que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen. Que aprendan que su felicidad no es cuestión de suerte sino el producto de sus decisiones. Que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente.
Que aprendan que amar y querer no son sinónimos sino antónimos, el querer lo exige todo, el amar lo entrega todo. Que nunca harán nada tan grande como para que los ame mas, ni nada tan malo para que los menos, Simplemente los amo, a pesar de sus conductas.
Que aprendan que la distancia mas lejos que pueden estar de Mi, es la distancia de una simple pero honesta oración.
Que perdonar a los demás no es fácil, que no siempre es suficiente ser perdonado por otros y que perdonarte a tí mismo es el primer paso…”
“Gracias por tu tiempo,” le dije. “¿Hay algo más que quieras que aprenda?”
“!!TE AMO HIJO MÍO, SOLAMENTE TE ESTOY ESPERANDO!!”
“No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios, que te esfuerzo;
siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi Justicia…”
Isaías 41:10.



Quizás, cuando éramos niños, nos arrodillábamos junto a nuestra cama y decíamos algunas pequeñas oraciones. Esas oraciones fueron maravillosas y fueron los primeros pasos de fe, pero ¿acaso fue esa la última vez que hablamos con Dios?