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Pasando por problemas o pruebas?

5 enero 2012

Hace algún tiempo, algunas señoras se reunieron en cierta ciudad para estudiar la Biblia. Mientras que leían el tercer capítulo de Malaquías, encontraron una expresión notable en el tercer versículo: “…y El se sentará como un refinador y purificador de la plata” (Mal. 3:3) Una de las señoras propuso visitar un platero y reportarles a las demás lo que él dijera sobre el tema.

Ella fue por consiguiente, y sin decir el objeto de su diligencia pidió al platero que le dijera sobre el proceso de refinar la plata. Después de que él la hubiera descrito completamente a ella, le preguntó, “pero señor, ¿usted se sienta mientras que esta en el proceso de la refinación?”. – “Oh, si, señora,” contesto el platero; -”Debo sentarme con mis ojos fijados constantemente en el horno, porque si el tiempo necesario para la refinación se exceda el grado más leve, la plata será dañada.” La señora inmediatamente vio la belleza, y también el consuelo de la expresión, – “El se sentará como un refinador y purificador de la plata.”

Sus ojos está constantemente atentos en el trabajo de la purificación, y su sabiduría y amor obran juntos en la mejor manera para nosotros. Nuestras pruebas no vienen al azar, y Él no nos dejara ser probados mas allá de lo que podemos sobrellevar. Antes de que ella se fuera, la señora hizo la pregunta final, – “¿Cuándo sabe que el proceso está completo?” – “Pues, eso es muy sencillo, ” contestó el platero. – “Cuando puedo ver mi propia imagen en la plata, se acaba el proceso de refinación.”

“Prueben, y vean que el Señor es bueno.
¡Feliz el hombre que en él confía!.” Salmo 34:8.

Jesús y las tormentas

10 julio 2011

Los evangelios hablan de dos tormentas en las que Jesús estuvo, una de ellas fue cuando el dormía. Los fuertes vientos soplaban y hacían que la embarcación se balanceara a tal grado que los demás tripulantes se llenaron de temor, al pesar que perderían sus vidas esa noche.

Al ver a Jesús tan tranquilo durmiendo, decidieron despertarlo y hasta hablarle fuerte, indicando que perecían. Al despertar Jesús y ver lo que sucedía, ordeno el tiempo con solo abrir su boca. Los discípulos y todos los que estaban ahí, quedaron boquiabiertos, y hasta se preguntaban ¿quien es este?, que aun las aguas se le sujetan. Evidentemente aun no conocían a Jesús en su poder y gloria.

¿Que aprendemos de esta tormenta? Cuando estés en tus tormentas, fija solamente tu mirada en Jesús. Si sientes que él duerme; guarda la tranquilidad y acompáñale en su descanso. Reconoce que él es Dios. Es como en un avión cuando hay turbulencia, si el capitán no se comunica con la tripulación y los pasajeros, es porque las cosas están bajo control.

La otra tormenta fue, cuando Jesús estaba fuera de la embarcación. Él caminaba hacia ella y sus discípulos creyeron que era un fantasma, hasta que Pedro observo que era Jesús y le pido que quería acercarse a El caminando sobre las aguas.

Cuando Pedro dejó de poner sus ojos en Jesús, fue cuando se sumergió en las aguas. ¿Que aprendemos de esta otra tormenta?, que es diferente a la anterior porque cuando pasemos por alguna tormenta, debemos observar bien, ya que la manifestación de Dios estará ahí. No es un fantasma, es Jesús. Y si ponemos nuestra mirada en la tormenta y quitamos nuestra mirada de Jesús, entonces nos sumergiremos en el mar de las circunstancias.

Él único que nos puede ayudar cuando estemos atravesando por alguna tormenta, es Jesús. Puede que él este a tu lado o este en llegar a tu barca, pero preocúpate por conocerlo a él. Búscale e identifica como esta acompañándote en esos momentos, antes de que te sumerjas en la circunstancias. Recuerda que hay que tener paz en las tormentas.

Dios te Bendiga!!!

Así, se adquiriere Sabiduría

15 abril 2011

En las pruebas y los problemas, el valor real que obtenemos es la sabiduría.

Sabiduría para actuar correctamente, tomando en cuenta cada aspecto que hemos aprendido en medio de las situaciones adversas. Las pruebas y problemas nos dan la oportunidad de ver el poder del Dios durante los tiempos difíciles por medio de milagros que solo provienen de Él.

Si entendemos que las situaciones difíciles son para demostrarnos que no podemos vivir separados de Él, podremos vivir una vida cristiana de éxito.

Ahora bien, ¿cómo entender correctamente las pruebas y los problemas y actuar con sabiduría? Aquí te damos diez formas correctas para actuar:

  1. Estar convencido de que Dios está en control del tiempo y la intensidad de nuestras pruebas.
  2. Darnos cuenta de que Dios tiene un propósito específico en cada prueba.
  3. Entender que cada prueba está diseñada para llenar una necesidad específica que Dios ve en nuestras vidas.
  4. Aceptar que cada prueba va a tener como resultado nuestro propio bien, si respondemos con fe.
  5. Descubrir cómo cada prueba puede fortalecer nuestra fe en el Señor para todo.
  6. Regocijarnos en que cada prueba es una oportunidad para que Dios demuestre Su poder para sostenernos.
  7. Someternos al desarrollo de un carácter semejante al de Cristo que viene como resultado de nuestras pruebas.
  8. Sacar provecho de la utilidad que tienen nuestras pruebas para medir nuestro crecimiento Espiritual.
  9. Debemos estar convencidos de que Dios nos acompaña a través de cada paso de la prueba (Hebreos 13:5) y
  10. Debemos tener fe en que por el Señor, no tan solo sobreviviremos a las adversidades, sino que saldremos con la victoria en nuestras manos.

Realmente hay esperanza?

29 marzo 2011

“Hace varios años un submarino se hundió con toda su tripulación a la altura de la costa atlántica de América del Norte. Cuando por fin la nave fue encontrada, se enviaron buzos para evaluar los daños y la posibilidad de rescatar los restos del naufragio. Cuando los buceadores se acercaron al casco de la nave, fueron sorprendidos por un golpeteo en código Morse. Era evidente que alguien estaba vivo en el interior del submarino. El mensaje era una pregunta desesperada contra las paredes de la tumba acuática: “¿Hay esperanza? ¿Hay esperanza?”

Usted y yo nos hacemos la misma pregunta cuando debemos enfrentar un problema particular o cuando una tragedia nos toca de cerca. Después de todo, ¿quién está totalmente libre del inmenso dolor de perder a un ser querido, de la frustración del desempleo, de la angustia de un hogar destrozado o de otros cientos de dificultades? Nos sentimos atrapados y sumergidos por el peso de las circunstancias y preguntamos: “¿Hay esperanza? ¿Hay realmente esperanza para solucionar este problema?” A menudo en tales ocasiones recordamos las palabras de Romanos 8:28, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Debemos notar que Pablo no dijo: “Comprendemos cómo todas las cosas ayudan a bien,” sino que dijo: “sabemos que ayudan a bien.” Esta promesa es un ancla segura cuando las tormentas de la vida golpean sin piedad contra nosotros.

El apóstol Pablo había reclamado esta promesa muchas veces, aun antes de haber escrito su famosa carta a los Romanos. El sabía lo que era sufrir penurias, persecución, indiferencia, traición, soledad, enfermedades, pedradas, palabras de Filipenses 4:6-7, No se afanen por nada; mas bien oren por todo.

Presenten ante Dios sus necesidades y después no dejen de darle gracias por sus respuestas. Haciendo esto sabrán ustedes lo que es la paz de Dios, la cual es tan extraordinariamente maravillosa que la mente humana no podrá jamás entender. Su paz mantendrá sus pensamientos y su corazón en la quietud y el reposo de la fe en Jesucristo”.

Cuando las tormentas de la vida parecen abrumadoras, Dios desea que experimentemos su perfecta paz. “Pero tú Señor, eres mi escudo protector, eres mi gloria, eres quien me reanima.” Salmo 3:3.

Protégeme como a la niña de tus ojos, Salmo 17

9 junio 2010

1Oye, oh SEÑOR, una causa justa; atiende a mi clamor;
presta oído a mi oración, que no es de labios engañosos.

2Que mi vindicación venga de tu presencia;
que tus ojos vean con rectitud.

3Tú has probado mi corazón,
me has visitado de noche;
me has puesto a prueba y nada hallaste;
he resuelto que mi boca no peque.

4En cuanto a las obras de los hombres, por la palabra de tus labios
yo me he guardado de las sendas de los violentos.

5Mis pasos se han mantenido firmes en tus senderos.
No han resbalado mis pies.

6Yo te he invocado, oh Dios, porque tú me responderás;
inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.

7Muestra maravillosamente tu misericordia,
tú que salvas a los que se refugian a tu diestra
de los que se levantan contra ellos.

8Guárdame como a la niña de tus ojos;
escóndeme a la sombra de tus alas

9de los impíos que me despojan,
de mis enemigos mortales que me rodean.

10Han cerrado su insensible corazón ;
hablan arrogantemente con su boca.

11Ahora nos han cercado en nuestros pasos;
fijan sus ojos para echarnos por tierra,

12como león que ansía despedazar,
como leoncillo que acecha en los escondrijos.

13Levántate, SEÑOR, sal a su encuentro, derríbalo;
con tu espada libra mi alma del impío,

14de los hombres, con tu mano, oh SEÑOR,
de los hombres del mundo, cuya porción está en esta vida,
y cuyo vientre llenas de tu tesoro;
se llenan de hijos,
y dejan lo que les sobra a sus pequeños.

15En cuanto a mí, en justicia contemplaré tu rostro;
al despertar, me saciaré cuando contemple tu imagen.

Cicatrices del Alma

22 enero 2010

“En un día caluroso de verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. Pero no se dió cuenta de que un cocodrilo se le acercaba. Su mamá desde la casa miraba por la ventana, vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo mas fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo más fuerte pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no lo abandonaba.

Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aun pudo llegar a caminar. Cuando salió del trauma un periodista le preguntó si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: “Pero las que usted debe ver son estas”. Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. “las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.

Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros pecados, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos.Algunas veces nos conducimos tontamente en algunas situaciones peligrosas. La vida está repleta de riesgos y nos olvidamos que el enemigo nos espera para atacarnos. Ahí es cuando empieza la lucha de halar y tirar. Si tienes las cicatrices de Su amor en tus brazos, se muy, pero muy agradecido. El no te dejó y no te dejará ir.

“El Señor te protege en todos tus caminos, ahora y siempre.”
Salmo 121:8.

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