Posts Tagged Pruebas

Pasando por problemas o pruebas?

5 enero 2012

Hace algún tiempo, algunas señoras se reunieron en cierta ciudad para estudiar la Biblia. Mientras que leían el tercer capítulo de Malaquías, encontraron una expresión notable en el tercer versículo: “…y El se sentará como un refinador y purificador de la plata” (Mal. 3:3) Una de las señoras propuso visitar un platero y reportarles a las demás lo que él dijera sobre el tema.

Ella fue por consiguiente, y sin decir el objeto de su diligencia pidió al platero que le dijera sobre el proceso de refinar la plata. Después de que él la hubiera descrito completamente a ella, le preguntó, “pero señor, ¿usted se sienta mientras que esta en el proceso de la refinación?”. – “Oh, si, señora,” contesto el platero; -”Debo sentarme con mis ojos fijados constantemente en el horno, porque si el tiempo necesario para la refinación se exceda el grado más leve, la plata será dañada.” La señora inmediatamente vio la belleza, y también el consuelo de la expresión, – “El se sentará como un refinador y purificador de la plata.”

Sus ojos está constantemente atentos en el trabajo de la purificación, y su sabiduría y amor obran juntos en la mejor manera para nosotros. Nuestras pruebas no vienen al azar, y Él no nos dejara ser probados mas allá de lo que podemos sobrellevar. Antes de que ella se fuera, la señora hizo la pregunta final, – “¿Cuándo sabe que el proceso está completo?” – “Pues, eso es muy sencillo, ” contestó el platero. – “Cuando puedo ver mi propia imagen en la plata, se acaba el proceso de refinación.”

“Prueben, y vean que el Señor es bueno.
¡Feliz el hombre que en él confía!.” Salmo 34:8.

¿Qué es la Navidad?

21 diciembre 2011

Por más contradictorio que es la celebración de la Navidad en el mes de diciembre, resulta muy agradable ver a todas las personas compartiendo cenas, regalos y pensando en los demás. Se organizan comunidades para dar regalos a los niños huérfanos y a los indigentes. Se escucha de empresas que donan cierto porcentaje de sus utilidades anuales para comprar juguetes y canastas con uvas y manzanas para darle a sus empleados.

Si bien es muy cierto, los famosos “aires navideños” además de traer felicidad pasajera a algunos, trae dolor y malos recuerdos a otros. Entre manzanas y uvas recordamos que papá o mamá ya no está con nosotros, o extrañamos a aquella persona de amamos y que no está junto a nosotros por alguna razón. Y que de la frustración que produce la larga lista de personas que esperan un presente de nuestra parte, y nuestro dinero solo alcanza ni para la mitad. O si no tenemos trabajo; o no tenemos nada de dinero en nuestros bolsillos por pagar tantas cuentas, por lo que nos sentimos muy mal por eso.

¿Que es la Navidad?, en primer lugar no es pariente de la que conocemos actualmente que se llama “Navicompras“. La Navidad no tiene que ver con regalos, ni compras, ni cargos excesivos a las tarjetas de crédito. No tiene que ver con frustración ni remordimiento por no haber ahorrado en todo el año. Navidad no es comercio.

Navidad es un recordatorio de un nacimiento, el nacimiento de un niño llamado Jesús, que trajo un solo regalo para todos nosotros. Este niño no venía en el trineo de un señor gordo con un traje rojo que toma Coca Cola, sino que viene del cielo y estuvo en el vientre de una preciosa mujer llamada María.

Navidad es Jesús; por eso, no te sientas mal si tienes o no dinero, si estás solo o no, si tienes problemas o no, si los demás te perdonaron tus errores o no. Siéntate a disfrutar la Navidad con Jesús en tu corazón. Eso es suficiente. Él es el todo de nuestra vida. Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5

Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.  Isaías 9:6 

Jesús y las tormentas

10 julio 2011

Los evangelios hablan de dos tormentas en las que Jesús estuvo, una de ellas fue cuando el dormía. Los fuertes vientos soplaban y hacían que la embarcación se balanceara a tal grado que los demás tripulantes se llenaron de temor, al pesar que perderían sus vidas esa noche.

Al ver a Jesús tan tranquilo durmiendo, decidieron despertarlo y hasta hablarle fuerte, indicando que perecían. Al despertar Jesús y ver lo que sucedía, ordeno el tiempo con solo abrir su boca. Los discípulos y todos los que estaban ahí, quedaron boquiabiertos, y hasta se preguntaban ¿quien es este?, que aun las aguas se le sujetan. Evidentemente aun no conocían a Jesús en su poder y gloria.

¿Que aprendemos de esta tormenta? Cuando estés en tus tormentas, fija solamente tu mirada en Jesús. Si sientes que él duerme; guarda la tranquilidad y acompáñale en su descanso. Reconoce que él es Dios. Es como en un avión cuando hay turbulencia, si el capitán no se comunica con la tripulación y los pasajeros, es porque las cosas están bajo control.

La otra tormenta fue, cuando Jesús estaba fuera de la embarcación. Él caminaba hacia ella y sus discípulos creyeron que era un fantasma, hasta que Pedro observo que era Jesús y le pido que quería acercarse a El caminando sobre las aguas.

Cuando Pedro dejó de poner sus ojos en Jesús, fue cuando se sumergió en las aguas. ¿Que aprendemos de esta otra tormenta?, que es diferente a la anterior porque cuando pasemos por alguna tormenta, debemos observar bien, ya que la manifestación de Dios estará ahí. No es un fantasma, es Jesús. Y si ponemos nuestra mirada en la tormenta y quitamos nuestra mirada de Jesús, entonces nos sumergiremos en el mar de las circunstancias.

Él único que nos puede ayudar cuando estemos atravesando por alguna tormenta, es Jesús. Puede que él este a tu lado o este en llegar a tu barca, pero preocúpate por conocerlo a él. Búscale e identifica como esta acompañándote en esos momentos, antes de que te sumerjas en la circunstancias. Recuerda que hay que tener paz en las tormentas.

Dios te Bendiga!!!

Así, se adquiriere Sabiduría

15 abril 2011

En las pruebas y los problemas, el valor real que obtenemos es la sabiduría.

Sabiduría para actuar correctamente, tomando en cuenta cada aspecto que hemos aprendido en medio de las situaciones adversas. Las pruebas y problemas nos dan la oportunidad de ver el poder del Dios durante los tiempos difíciles por medio de milagros que solo provienen de Él.

Si entendemos que las situaciones difíciles son para demostrarnos que no podemos vivir separados de Él, podremos vivir una vida cristiana de éxito.

Ahora bien, ¿cómo entender correctamente las pruebas y los problemas y actuar con sabiduría? Aquí te damos diez formas correctas para actuar:

  1. Estar convencido de que Dios está en control del tiempo y la intensidad de nuestras pruebas.
  2. Darnos cuenta de que Dios tiene un propósito específico en cada prueba.
  3. Entender que cada prueba está diseñada para llenar una necesidad específica que Dios ve en nuestras vidas.
  4. Aceptar que cada prueba va a tener como resultado nuestro propio bien, si respondemos con fe.
  5. Descubrir cómo cada prueba puede fortalecer nuestra fe en el Señor para todo.
  6. Regocijarnos en que cada prueba es una oportunidad para que Dios demuestre Su poder para sostenernos.
  7. Someternos al desarrollo de un carácter semejante al de Cristo que viene como resultado de nuestras pruebas.
  8. Sacar provecho de la utilidad que tienen nuestras pruebas para medir nuestro crecimiento Espiritual.
  9. Debemos estar convencidos de que Dios nos acompaña a través de cada paso de la prueba (Hebreos 13:5) y
  10. Debemos tener fe en que por el Señor, no tan solo sobreviviremos a las adversidades, sino que saldremos con la victoria en nuestras manos.

Realmente hay esperanza?

29 marzo 2011

“Hace varios años un submarino se hundió con toda su tripulación a la altura de la costa atlántica de América del Norte. Cuando por fin la nave fue encontrada, se enviaron buzos para evaluar los daños y la posibilidad de rescatar los restos del naufragio. Cuando los buceadores se acercaron al casco de la nave, fueron sorprendidos por un golpeteo en código Morse. Era evidente que alguien estaba vivo en el interior del submarino. El mensaje era una pregunta desesperada contra las paredes de la tumba acuática: “¿Hay esperanza? ¿Hay esperanza?”

Usted y yo nos hacemos la misma pregunta cuando debemos enfrentar un problema particular o cuando una tragedia nos toca de cerca. Después de todo, ¿quién está totalmente libre del inmenso dolor de perder a un ser querido, de la frustración del desempleo, de la angustia de un hogar destrozado o de otros cientos de dificultades? Nos sentimos atrapados y sumergidos por el peso de las circunstancias y preguntamos: “¿Hay esperanza? ¿Hay realmente esperanza para solucionar este problema?” A menudo en tales ocasiones recordamos las palabras de Romanos 8:28, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Debemos notar que Pablo no dijo: “Comprendemos cómo todas las cosas ayudan a bien,” sino que dijo: “sabemos que ayudan a bien.” Esta promesa es un ancla segura cuando las tormentas de la vida golpean sin piedad contra nosotros.

El apóstol Pablo había reclamado esta promesa muchas veces, aun antes de haber escrito su famosa carta a los Romanos. El sabía lo que era sufrir penurias, persecución, indiferencia, traición, soledad, enfermedades, pedradas, palabras de Filipenses 4:6-7, No se afanen por nada; mas bien oren por todo.

Presenten ante Dios sus necesidades y después no dejen de darle gracias por sus respuestas. Haciendo esto sabrán ustedes lo que es la paz de Dios, la cual es tan extraordinariamente maravillosa que la mente humana no podrá jamás entender. Su paz mantendrá sus pensamientos y su corazón en la quietud y el reposo de la fe en Jesucristo”.

Cuando las tormentas de la vida parecen abrumadoras, Dios desea que experimentemos su perfecta paz. “Pero tú Señor, eres mi escudo protector, eres mi gloria, eres quien me reanima.” Salmo 3:3.

Espero que nunca me pase a mí

18 marzo 2011

Después del devastador sismo y el posterior tsunami en en noreste de Japon, cientos de voluntarios y trabajadores de rescate de distintas organizaciones internacionales se han acercado a Japon para ofrecer su ayuda.

Este es el testimonio de un rescatista: “Nos estamos acercando a la ciudad de Sendai. No sé con qué me voy a encontrar. El área cerca de la ciudad está plagada de helicopteros militares y civiles, grandes y pequeños. Con dificultad, nuestro grupo de voluntarios logró encontrar un autobús para viajar a Sendai. La ciudad está lejos. La mayoría de las casas estaban hechas de madera, el material tradicional para la construcción de viviendas. Éstas son muy débiles, por eso la mayoría quedaron completamente destruidas.

Cuando vamos para la ciudadela un hombre nos detiene, está llorando. Nos suplica que lo ayudemos a rescatar a su hijo. Dice que puede escuchar su voz bajo los escombros. Al llegar vemos que no queda nada en pie. Excavamos durante horas. Perdimos la esperanza, pero su llanto hace que continuemos con nuestro esfuerzo. La cantidad de escombros es tan grande que hicimos traer una excavadora para que nos ayude. Cuando la máquina comienza a trabajar, encontramos los cadáveres. Él se arroja sobre los cuerpos y llora fuerte. En cuestión de segundos perdió el resultado del esfuerzo de toda su vida…

Cuando recuerdo esta escena, pierdo el control y yo también me echo a llorar. Es triste levantar el cuerpo de una madre y pensar: “¿Qué haría si fuese mi propia madre?”. Una sensación extraña invade mi corazón. He recibido cientos de horas de entrenamiento para hacer este trabajo, pero ahora que me encuentro en esta situación real siento un vacío en mí. Y solo espero que nunca me pase a mí, ni a mi familia, ni a nadie.”

Cuando vemos situaciones tan crudas como las que se experimentan en Japon o en cualquier otro lugar donde haya ocurrido una catastrofe de esta magnitud, lo primero que le pedimos a Dios es “por favor, que eso nunca me pase a mi, ni a mi familia”. Porque en cierta manera queremos ser inmunes a las situaciones difíciles.

Creemos que Dios solo trabaja con “cremitas” y “pañitos suaves”; pero se nos olvida que a veces son necesarias las lijas, los martillos y las palas para formarnos. Será necesario la muerte de tu negocio para que entiendas?, o unas vacaciones a la cama del Hospital ¿para que el plan de Dios se cumpla?…

Poner nuestras vidas en las manos de Dios no implica inmunidad a las situaciones difíciles; al contrario, porque lo primero que Dios pide de nosotros, es nuestra cabeza. En otras palabras “que nosotros muramos día a día”. Tengamos nuestra vida guardada en Él, para que cuando las situaciones difíciles y duras lleguen, podamos resistir.

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